jueves, 26 de junio de 2008

Hospital

Debido a mi próximo viaje (el primero) que me llevará al nuevo empleo, debo presentar una serie de exámenes médicos. De allí, mi visita al Hospital San Roque de Gonnet.

Al recorrer los pasillos del hospital, buscando el baño, también recorría las miradas de la gente que aguardaba ser atendida; sus miradas parecían describir la historia clínica de cada quien. Pareciera haber algo en nuestros ojos (además de la memoria, por su lado) que almacena todo lo que hemos visto: es el hombre que habita nuestros ojos; a veces cansado, muchas veces ansioso; listo para entender, aunque, a veces, no lo suficientemente entrenado para esto. Mientras tanto, dispuesto a seguir, pero cuando se siente enfermo... ¡...le es tan difícil soportar y contenerse y no estallar...!

Las miradas de la gente, las miradas de los hombres y mujeres de hospital, agotadas, no vencidas, no infinitas; esos hombres y mujeres de los ojos de los hombres y mujeres de hospital me han hablado y me han dicho que ya es hora de ser agradecido... no a ellos, no a Dios. Hoy, el hombre de mis ojos, que me habita, ha salido y ha llegado por sus medios. Nadie tuvo que ayudarlo a caminar.